domingo, 28 de noviembre de 2010

¿De qué se envanece la derecha?

Rescato un artículo leído en Peru21, escrito por Guillermo Giacosa y publicado el 16 de agosto del 2003, es decir, hace más de siete años.

“Cuando leo a algunos periodistas de derecha criticar a políticos de izquierda, recordando los fracasos de esta corriente, me pregunto: ¿creerán ellos que el orden económico genocida al que son sometidos la mayoría de los ciudadanos del planeta es un éxito o algo parecido?
Que la izquierda no haya podido cristalizar un orden social justo y que el socialismo burocrático y desalmado de los soviéticos haya sido un desastre, no justifica los disparates mercantilistas que apuntan a la destrucción del planeta y a la pauperización progresiva de cientos de millones de seres humanos.
¿Creerán estos bolcheviques del mercado que el mundo unipolar y de pensamiento único que han instalado tiene algún punto en común con los valores tradicionales de libertad, democracia y respeto al prójimo que, en teoría, son la armadura de las más valiosas conquistas de Occidente?
Libertad sí, pero para el comercio de mercadería, no para los seres humanos que permanecen atrapados en telarañas burocráticas que los inmovilizan en el sitio de su pobreza o detrás de muros oprobiosos (tanto o más que el odioso Muro de Berlín) que les impiden asomarse al universo de la abundancia.
Los países pobres, con sus islas de insolente riqueza, comienzan a parecerse cada día más a gigantescos campos de concentración cuyos habitantes deben pagar un tributo (llamado deuda externa) para que sus carceleros les permitan el lujo de seguir viviendo en la tierra sin futuro de la que quieren huir.
¿Creerán quienes en última instancia se ufanan del triunfo de la derecha, con su historieta del final de la historia y pamplinas por el estilo, que haber logrado récords de pobreza en todos los países latinoamericanos es un pecado de la izquierda?
El aumento del PBI acompañado por el aumento de la pobreza es una indecencia. Un escándalo moral. Aumentar la distancia entre ricos y pobres, como ha venido ocurriendo dramáticamente durante los últimos veinte años, expresa una visión patológica y suicida de la realidad.
Seguir favoreciendo a las grandes transnacionales en detrimento de los pueblos es una apuesta que puede conducir a un holocausto cuyas características es imposible prever pero que comienza a delinearse en la rabia cada vez más activa y violenta de quienes son excluidos del derecho de tener lo elemental para vivir con dignidad.
El mundo está lleno de advertencias que la ceguera, el aislamiento y la soberbia de quienes ejercen el poder no les permite ver.
Vamos hacia un abismo que comprende, además de un drama social cada vez más hondo, una destrucción progresiva de los recursos naturales y una depreciación incesante de la atmósfera que protege la vida.
Escuchar a los economistas pontificar sobre números sin tener en cuenta estas realidades me recuerda a los músicos que seguían ejecutando sus melodías mientras el Titanic se hundía. Claro que sin la grandeza moral de esos músicos, que sí sabían lo que estaba ocurriendo.
Algo huele a podrido en el mundo oficial. Quienes lo defienden o han perdido el olfato o son cómplices o un agudo masoquismo los lleva a solazarse con esas miasmas pestilentes.”

martes, 23 de noviembre de 2010

domingo, 14 de noviembre de 2010

Los paraísos fiscales y otras cuevas para el dinero

Leo en el suplemento "Mercados" de La Voz de Galicia, un artículo de Victoria Toro, en el que menciona un cuento que circula por Internet, y que puede ilustrar el daño que causan los evasores de capital y que paso a relatar:
"En un pequeño pueblo de la costa, sus habitantes están sufriendo duramente la crisis económica cuando un millonario llega al hotel de la localidad a pasar unas vacaciones. El millonario pide ver las habitaciones pero antes deja un billete de cien dólares sobre el mostrador de la recepción. Mientras el conserje enseña las habitaciones del hotel al millonario, el dueño del establecimiento coge el billete y corre a pagar su deuda con el carnicero. Nada más cobrar, el carnicero corre a pagar su propia cuenta con el criador de cerdos, y éste, cuando cobra, corre a pagar al que le suministra el pienso. A su vez, ésta sale a pagar lo que le debe a la prostituta local que con el billete de cien dólares va al hotel que utiliza para su trabajo y con el que también tiene una deuda y deja los cien dólares en el mostrador de recepción. En ese momento, el millonario, que ha acabado su inspección del hotel, decide que no le gusta ninguna habitación, coge su billete y se marcha. Nadie ha ganado nada, pero todos han saldado sus deudas. La moraleja es que, cuando el dinero circula, se acaba la crisis".

lunes, 8 de noviembre de 2010

El poder judicial

Mucho se ha denostado al poder judicial, pero realmente es lo único que nos queda para defender a los débiles frente a la apisonadora neoliberal que nos aplasta. Sentencias contra el redondeo al alza y contra el suelo de las hipotecas (el senado hizo un informe que admite que renunciar a ello sería perjudicial para la banca), sentencias contra los Swaps y ahora el tribunal supremo considera que no hay nada ilícito en vender ropa, cedes o películas piratas, ya que el comprador no es engañado, pues lo sabe de antemano.
En fin serán los tribunales los que nos salven de tanto abuso, así que menos mal que nos queda Portugal y el poder judicial.

Publicado por La Voz de Galicia, 9 de noviembre de 2010

jueves, 4 de noviembre de 2010

miércoles, 3 de noviembre de 2010

Devaluar a las personas

Como no se puede devaluar la moneda, el alto Estado Mayor Económico ha decido devaluar a las personas, digo bien, los que somos asalariados no tenemos más valor desde el punto de vista económico que el de nuestro trabajo, así que ahora trabajaremos más y más tiempo por menos dinero. Que los zarpazos se produzcan en los salarios y no en las rentas, ni en la propiedad, tiene su lógica, los que toman las decisiones, en modo alguno van a atentar contra sus intereses.

Publicado por La Voz de Galicia el 3 de noviembre de 2010

lunes, 1 de noviembre de 2010