domingo, 25 de septiembre de 2016

El dilema del "personal shopper"



La mentira es la fuerza que mueve el mundo, dijo Jean François Revel en su leidísimo clásico El conocimiento inútil.
Sin ánimo de matizar al sabio, habría que decir que vivimos en un mundo que se mueve a fuerza de verdades incompletas y pilladas de oídas.

Por ejemplo: España es un país en el que casi todas las personas importantes (en términos económicos, o sea de sueldo o beneficio) se consideran liberales: unos por adhesión a las tesis de la perfección del mercado y de la racionalidad del consumidor, otros por homenaje a los liberales del siglo XIX, los que se oponían a los absolutistas.

Y, sin embargo, muy pocos de ellos son liberales de verdad. ¿Qué hacen empresarios que se dicen seguidores de la ortodoxia de Chicago arrimados a este o al otro ministro, para ver si consiguen un contrato a cambio de una puerta giratoria? ¿Qué hacen profesores supuestamente fielles a Hayek viviendo de un sueldo de la universidad pública?

Conocí el otro día a un elegante joven liberal, venido de Madrid. Con menos de cuarenta años, ha invertido buena parte de su sueldo en un plan de pensiones. No se fía del sistema púbico; no solo no se fía sino que, por lo que dice, estaría dispuesto a cargárselo. El drama del chaval es que trabaja como asesor de compras, lo que se llama personal shopper.

O sea, un tipo muy atento a la moda, muy preocupado de su aspecto personal y muy correcto en el traato, que aconseja a gente adinerada qué muebles poner en sus casas o qué ropa vestir cada temporada. "Si ni siquiera la gente rica y formada se atreve a consumir por sí sola, ¿dónde queda contigo la tesis de la elección racional?", le digo. Y no sabe qué responder.

Estos servicios de asesoría crecen, y proliferarían de verdad si los ciudadanos con posibles se animaran definitivamente a consumir. Son clientes que se definen como liberales, pero solamente entienden bien esa creencia a la hora de despedir empleados a coste mínimo. Para lo demás, la mano invisible del mercado no la acaban de ver.

Juan Carlos Martínez.

Suplemento Mercados de la Voz de Galicia, 25 septiembre 1016.

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