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viernes, 1 de abril de 2011
Monopoly, una vuelta a la idea original
Descubro en este post, que el monopoly nació con una vocación crítica a la sociedad capitalista. Durante muchos años existió como un juego inocente en el que uno de los jugadores acababa arramplando con todo. La historia ha convertido lo que parecía una inocente y exagerada metáfora en un espejo de la cruda realidad. Yo jugaba al monopoly de pequeña y durante las partidas una revuelta a oscuras terminaba con la acaparación del afortunado ganador. En el mundo real al final de la partida, al ganador solo lo rodea la miseria.
sábado, 8 de mayo de 2010
Juegos de mi niñez
Cuando era niña, acostumbraba a pasar los veranos con mis primos en una casa cerca del mar. Cuando hacía mal tiempo, como no podáimos ir a la playa, pasábamos el día jugando a lo que entoncese se llamaba Palé, hoy Monopoly.
El juego terminaba cuando, ya atardeciendo, alguno acaparaba todo el dinero. Como ninguno de nosotros estábamos dispuestos a parar de jugar, entonces alguien apagaba la luz y todos a oscuras nos afanábamos por coger lo que podíamos del potentado ganador y así podíamos seguir jugando.
Este inocente juego lo tenía completamente olvidado. Pero no sé por qué esta maldita crisis me lo evocó. Ni edge funds, ni ninjas, ni burbujas, ni gaitas.
Los que siempre nos sangran, eso sí, de acuerdo con la legislación vigente, nos sacaron todo lo que nos podían sacar, por tanto, el dinero no puede fluir porque está concentrado en pocas manos. Esto explica por qué el mercado del superlujo no sufre la crisis.
Yo misma, por ejemplificar lo que está ocurriendo (por supuesto las entidades son totalmente imaginarias) le compré una casa a la constructora ACS, ella se embolsó parte de los salarios de toda mi vida, ABS compró Unión Penosa, lo que no me pudo sacar con la casa me lo saca ahora con consumo energético y si quiero variar de tipo de energía me cambio a Plas Natural que a su vez compró Unión Penosa y todos ellos cobrando no solo lo que deben sino lo que pueden.
Yo siempre creí que en el mundo iba a terminar existiendo una sola empresa y la humanidad trabajando de asalariada o subcontratada para ella, pero mira tú por dónde el juego acabó antes.
Todo el dinero en manos de unos pocos.
Solo que en la vida real no podemos apagar la luz y redistribuir el dinero para seguir jugando. Y el equivalente a apagar la luz en juego de infancia, en esta sociedad, ya sabemos lo que significaría.
Publicado en La Voz de Galicia 5 de mayo de 2009
El juego terminaba cuando, ya atardeciendo, alguno acaparaba todo el dinero. Como ninguno de nosotros estábamos dispuestos a parar de jugar, entonces alguien apagaba la luz y todos a oscuras nos afanábamos por coger lo que podíamos del potentado ganador y así podíamos seguir jugando.
Este inocente juego lo tenía completamente olvidado. Pero no sé por qué esta maldita crisis me lo evocó. Ni edge funds, ni ninjas, ni burbujas, ni gaitas.
Los que siempre nos sangran, eso sí, de acuerdo con la legislación vigente, nos sacaron todo lo que nos podían sacar, por tanto, el dinero no puede fluir porque está concentrado en pocas manos. Esto explica por qué el mercado del superlujo no sufre la crisis.
Yo misma, por ejemplificar lo que está ocurriendo (por supuesto las entidades son totalmente imaginarias) le compré una casa a la constructora ACS, ella se embolsó parte de los salarios de toda mi vida, ABS compró Unión Penosa, lo que no me pudo sacar con la casa me lo saca ahora con consumo energético y si quiero variar de tipo de energía me cambio a Plas Natural que a su vez compró Unión Penosa y todos ellos cobrando no solo lo que deben sino lo que pueden.
Yo siempre creí que en el mundo iba a terminar existiendo una sola empresa y la humanidad trabajando de asalariada o subcontratada para ella, pero mira tú por dónde el juego acabó antes.
Todo el dinero en manos de unos pocos.
Solo que en la vida real no podemos apagar la luz y redistribuir el dinero para seguir jugando. Y el equivalente a apagar la luz en juego de infancia, en esta sociedad, ya sabemos lo que significaría.
Publicado en La Voz de Galicia 5 de mayo de 2009
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