martes, 6 de octubre de 2020

Hellín: Del Emilio que asesina a Yolanda González a Luis Enrique dar cursos a la policía



Si se le pregunta a cualquiera si sabe quién es Miguel Ángel Blanco todo el mundo dirá que por supuesto. Si se le pregunta quién es Yolanda González la mayoría de la gente negará con la cabeza.
Ahora que la derecha vuelve a rezumar odio, orgullosa y públicamente, siempre lo hace cuando no gobierna, no está de más recordar el asesinato de Yolanda González.

El crimen lo describe el periodista Carlos Fonseca en su libro titulado: "No te olvides de mi: Yolanda González, el crimen más brutal de la Transición". Probablemente no suene el título, tampoco sonará el nombre del periodista. El  libro no entrará en los circuitos  que entra Patria, porque no interesa. No habrá serie tampoco. Los familiares impotentes, pelean por conservar la memoria.

Carlos Fonseca tiene también un libro acerca de las Trece Rosas, atacadas y calumniadas por la extrema derecha. A esas mentiras y ataques, sí se han hecho eco los medios y los han amplificado el periodismo cloaquero.

La derecha en este país ha conseguido en los medios de comunicación masiva, ganar el relato de que la violencia es patrimonio de la izquierda, porque los muertos de derechas los estiran, los amplifican y los manosean hasta límites insospechados. Los asesinados por la derecha, se ocultan, se culpabilizan y lo que es peor, sus asesinos acaban rehabilitados y blanqueados.
Pareciera que unas vidas son más importantes que otras. 

El caso de Yolanda González es paradigmático de lo que ocurrió y lo que supuso la Transición y solo lo conocemos los que lo hemos vivido y leído en su día en la prensa.

En 1979 Yolanda González, de 19 años, troskista, militante del Partido Socialista de los Trabajadores, se va a Madrid con su pareja, Alejandro Arizcun Cela, sobrino de Camilo José Cela, comparten piso con una compañera.
Yolanda organiza  la coordinadora de estudiantes de enseñanzas medias para oponerse al Estatuto de Centros Docentes del gobierno de Adolfo Suárez. La extrema derecha sospecha que es de ETA, todavía siguen con esa obsesión, a pesar de que ya no existe, todo es ETA.

El 1 de febrero de 1980, Emilio Hellín e Ignacio Abad, subieron hasta el domicilio de Yolanda en un cuarto piso, llamaron a la puerta y mediante un engaño consiguieron que la joven la abriera, la amenazaron con sendas pistolas y la obligaron a acompañarles al automóvil de Hellín. En las inmediaciones la esperaban los integrantes del Grupo 41, a los que  Juan Carlos Rodas, agente de la Policia Nacional, decidió acompañar participando en la vigilancia exterior.

Siendo maltratada e interrogada por el camino, al llegar a San Martín de Valdeiglesias (Madrid), se bajaron del vehículo y Emilio Hellín Moro le descerrajó en la cabeza dos tiros a 70 centímetros con una pistola Walther P-38, calibre 9 milímetros Parabellum  y fue rematada por Ignacio Abad Velázquez con otro disparo, estando aún con vida, según relata la sentencia condenatoria. El cadáver de Yolanda fue encontrado por dos trabajadores en torno a las 9 de la mañana del 2 de febrero de 1980.

El asesinato fue reivindicado por el batallón  Batallón Vasco Español, grupo operativo-militar, que comunicaba:

 "El Batallón Vasco Español reivindica el arresto, secuestro y ejecución de Yolanda González Martín, natural de Deusto, integrante del comando de ETA, rama estudiantil-IASI-, del que también forman parte otras dos personas con domicilio en Madrid y que utilizan como tapadera y acción de masas a grupos políticos de ideología trotskista y maoísta, donde se amparan sus actividades. Por una España grande, libre y única. ¡Arriba España!»
Siempre "Arriba España" junto a la muerte.

Al día siguiente, al enterarse por la prensa de su muerte, el policía Juan Carlos Rodas Crespo sorprendido y arrepentido por el resultado final de lo que creía era un simple interrogatorio, denunció los hechos ante sus superiores policiales de Getafe lo que aceleró las investigaciones y la resolución del caso.


Fueron detenidas 7 personas entre las que se encontraban los miembros de Fuerza Nueva, Emilio Hellín Moro e Ignacio Abad Velázquez, quienes habían apretado el gatillo y que contaron con la colaboración de varios sujetos más José Ricardo Prieto, Félix Pérez Ajero, Juan Carlos Rodas Crespo y David Martínez.

Emilio Hellín Moro, entonces de 32 años, un ultraderechista que, en su versión de ciudadano ejemplar, regentaba una academia llamada Instituto de Estudios Electrónicos, a pocos metros de la Gran Vía Madrileña; en su lado oscuro lideraba el Grupo 41, un comando armado del partido ultraderechista Fuerza Nueva (FN).

Entre los implicados en el crimen que fueron condenados había miembros activos o en excedencia de los Cuerpos y Fuerzas de la Seguridad del Estado.

La causa se abre en febrero a cargo del magistrado, Ricardo Varón Cobos  que intenta cerrarla en diciembre, sin que las acusaciones tuvieran ocasión de interrogar a los detenidos. Y a pesar de que tiene los testimonios incriminatorios de Hellín e Ignacio Abad contra Martínez Loza, le deja en libertad. Varón Cobos quería cerrar la causa sólo con estos, que confesaron el asesinato. No permitió preguntar a la acusación, y la calificó de homicidio porque no sabía si Yolanda, cuando la dispararon, estaba intentando escapar. Al final, por orden de instancias superiores, Martínez Loza fue procesado.
Los acusados a veces tenían la información antes de que los propios abogados la consiguiesen.

Toda la investigación y la instrucción está plagada de irregularidades. Después del asesinato, Hellín se va a Vitoria y está con un policía amigo. Y este policía tarda meses en decir que estuvo con él y con otros colegas tomando copas.
Ricardo Varón Cobos, al final, fue expulsado de la carrera judicial por dejar en libertad a Bardelino, un mafioso, aunque posteriormente vió rebajada la pena y fue readmitido en la carrera judicial.

La sentencia condenó a  Emilio Hellín a 43 años de Cárcel, a Ignacio Abad a 28 y a Martínez Loza a 6 años.
Y en agosto de 1980, el mismo año del asesinato, durante el procedimiento judicial, se fuga Hellín de la prisión de Alcalá, en compañía de 9 reclusos, resultó herido en un breve tiroteo, fue detenido el mismo día. La causa desaparece y cuando reaparece, ya había prescrito.

La sentencia condenó a  Emilio Hellín a 43 años de Cárcel, a Ignacio Abad a 28 y a Martínez Loza a 6 años y al confidente, Juan Carlos Rodas, le cayeron 3 meses.

Siete años después estando en la prisión de Zamora se le concedió un permiso, el juez encargado de la cárcel, el vallisoletano José Donato Andrés Sanz, que ya había desatado la polémica por haber concedido a Carlos García Juliá y José Fernández Cerrá, condenados por la matanza de Atocha, un permiso para salir de prisión por Navidades en 1984. Pues bien el juez José Donato Andrés Sanz le concede un permiso a Hellín, con lo que se volvió a escapar esta vez con éxito.

Se instala con su familia en el Paraguay del dictador Stroessner. Se inscribe en la embajada él, su mujer y sus tres hijos, a pesar de que había una orden de búsqueda, el embajador no notifica su presencia.
Los ultraderechistas iban con cartas de recomendación. Hellín realiza funciones de asesoramiento a la policía del dictador. 
Cuando cae Stroessner,  su consuegro da otro golpe de  Estado, algunos asesinos de extrema derecha parten hacia Brasil porque ya no disfrutan de protección, pero Hellín confiado se queda y en 1990 en una feria de informática, es reconocido por lo que se pide la extradición.

En una entrevista con el asesino Emilio Hellín en la cárcel de Asunción en 1990 en vísperas de su extradición, manifiesta que nació en el seno de la guardia civil, que  tuvo una formación con cierta influencia  militar  y siempre se consideró una "persona de orden".  Su padre, hermano y cuñado pertenecían a la Guardia Civil, él fue seminarista.

Entre  las prisiones de Zamora y en Jaén completó los 14 años de los 43 iniciales. En el 95 consigue el tercer grado y en 1996 sale de la cárcel, un juzgado le otorga nueva identidad, cambiando de nombre a Luis Enrique en lugar de Emilio.

El periodista Jose Maria Irujo descubre que Hellín trabaja para la policia.

El nuevo Luis Enrique Hellín Moro reaparece como uno de los principales asesores del Servicio de Criminalística de la Guardia Civil, participa en investigaciones judicializadas sobre terrorismo y delincuencia, imparte cursos de formación a agentes de este cuerpo, de la Policía Nacional, el Ministerio de Defensa, Ertzaintza y Mossos d’Esquadra, da conferencias a miembros de las Fuerzas y Cuerpos de la Seguridad del Estado en organismos oficiales y cobra por sus servicios del Ministerio del Interior.

En un curriculum vitae fechado en noviembre de 2017, Hellín aseguraba ser también profesor de la Escuela de Policía de la Comunidad de Madrid, instructor de funcionarios del Ministerio de Defensa y asesor de magistrados y fiscales.  Como ejemplo de su trabajo como perito judicial y de parte, citaba entre los asuntos en los que había intervenido el conocido como caso Faisán, el chivatazo a ETA por parte de mandos policiales de una redada contra una red de extorsión de la banda en 2011.

El caso Bretón, el asesinato de dos menores a manos de su padre en 2013 en Córdoba, o, más recientemente, el caso Jimmy, la muerte en 2014 de un hincha del Deportivo de la Coruña que fue arrojado al río Manzanares por seguidores del Atlético de Madrid.
Actividades que desarrolla a través de sus compañías Net Computer Forensics S.L. y New Technology.
Sale a la luz que ha conseguido 15 contratos por valor de 140.000 euros y que ejerció como asesor para jueces y fiscales 

También ha colaborado con el Instituto Andaluz Universitario de Criminología y ha compartido ponencia con el magistrado de la Audiencia Nacional, Eloy Velasco. Hellín es técnico superior de Auditoría Informática por la Universidad Católica de Ávila y diploma especializado en sistemas de telecomunicación por la Universitat de València (UV).

Perito Judicial e instructor de policías el artífice de uno de los crímenes mas brutales de la Transición.

Hellín, jamás se ha arrepentido y no ha pedido perdón a la familia y aún teniendo derecho a rehacer su vida, parece incompatible moralmente que pueda prestar servicios para asesorar e investigar a ciudadanos y formar a miembros de las FSE.

Un parque de Madrid lleva el nombre de Yolanda, la placa ha sido atacada por ultraderechistas varias veces.
Desde la muerte del dictador en 1975 hasta diciembre de 1983 se produjeron 58 muertes por violencia policial, 51 asesinatos a manos de la extrema derecha y 21 por guerra sucia.

Gerardo Quintana, el defensor de Torres Rojas en el 23 F niega que haya habido terrorismo de extrema derecha. Sostiene que los actos estaban realizados por chicos "que no sabían lo que estaban haciendo".
Como no existe "terrorismo" de extrema derecha, a Yolanda no se la considera víctima del terrorismo
Se negó reiteradamente el hecho  del terrorismo fascista.
La memoria pareciera que es solo para algunos muertos.


                                                          El pdocast de RNE
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Enlaces relacionados
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https://es.wikipedia.org/wiki/Xavier_Vinader
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