Hoy es uno de los días más tristes en la historia de los últimos años de este país. El 23 de febrero de 1981, un señor con tricornio y pistola, pretendió arrebatar la soberanía popular. Hoy los supuestos padres de la patria (padrastros más bien), sin pistolas y actuando por delegación, han despreciado los intereses de la mayoría de los ciudadanos.
Con la llegada de la democracia, nos cargamos de esperanza pensando que entre todos construiríamos un país mejor y más justo, pero hace tiempo que la cúspide social y política se llenó de gente sin escrúpulos, el país tomó una peligrosa deriva y lamentablemente se confirmaron los malos presagios.
Los mineros en la calle como en el 62, los parados acusados de no buscar trabajo, los gobernantes aplaudiendo unas medidas que van a provocar lágrimas en el pueblo. No nos merecemos a esos que dicen que hemos elegido, solo queda una lucecita, que hayamos tocado fondo y ello suponga el fin de bipartidismo, aún así nos espera el vía crucis que pasó Argentina, resurgiremos, pero como sigamos así ya no nos salva ni un Rousseau, necesitaremos un Espartaco.
Como en el poema del Mio Cid: "Dios que buen pueblo si tuviese buen gobierno".
Como en el poema del Mio Cid: "Dios que buen pueblo si tuviese buen gobierno".