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domingo, 5 de mayo de 2019

Algo va mal con capitalismo corporativo



Artículo de Antón Costas  titulado "Algo va mal con el capitalismo corporativo" aparecido en las Páginas Salmón de El País

"Los grandes ejecutivos del Ibex ganan 79 veces más que sus empleados”. Este era el titular de la portada de este suplemento de hace dos domingos. Según la misma información, la media de los sueldos de los principales ejecutivos del Ibex fue de 4,32 millones de euros en 2018, con diferencias importantes. A estos sueldos hay que añadir los derechos de pensión, con los 79 millones del anterior presidente del BBVA como estrella de las “pensiones de oro”. ¿Deben preocuparnos estas elevadas retribuciones? Pienso que sí.

Pero, entiéndanme bien, no es por envidia, ni resentimiento contra las grandes corporaciones. Este tipo de empresas han hecho grandes contribuciones a la prosperidad económica. Pero ahora se las asocia a las crecientes desigualdades económicas y sociales. Por tanto, algo va mal con el capitalismo corporativo.
Mi preocupación surge de tres motivos.

El primero tiene que ver con la falta de justificación económica de estas elevadas retribuciones. Responden a conductas de pérdida de autocontrol. Conductas que se apoyan en una cultura corporativa fundada en una idea equivocada sobre las fuentes del dinamismo empresarial, como más abajo explicaré. En todo caso, ¿no deberían beneficiarse también los empleados? Sería lo equitativo. 
Pero los salarios medios de las empresas del Ibex en 2018 han descendido un 3,36% respecto a 2017, de 55.756 euros de media en 2017 a 53.882 euros en 2018. Esta brecha salarial es una amenaza para la legitimidad del capitalismo. 

El segundo motivo proviene de que esas elevadas retribuciones tienen que ver con el hecho de que muchas corporaciones se mueven en actividades reguladas o en sectores con comportamientos monopolísticos. Esto es algo que se aprecia viendo las retribuciones mucho más razonables de los directivos de las empresas cotizadas no pertenecientes al Ibex que actúan en mercados competitivos, retribuciones que se mueven en una brecha salarial con un múltiplo entre 10 y 20, que era la que existía en la etapa del buen capitalismo de posguerra.

La tercera preocupación es la más importante por su impacto en la legitimidad del capitalismo. Tiene que ver con la cultura y la ética corporativa de las últimas décadas. Esa cultura sostiene que el éxito de las corporaciones se basa en la “excelencia” y en el “talento” de sus líderes. Las elevadas retribuciones serían la retribución de ese talento. Es un error.

La riqueza que genera una gran corporación —lo mismo que cualquier otra empresa u organización social— es el resultado de la innovación que aportan todos los actores involucrados: trabajadores, directivos, proveedores, clientes y también las comunidades donde actúan. Se ha prescindido de la idea de que toda persona posee la imaginación necesaria para aportar valor y concebir nuevos bienes y métodos. La creación de riqueza es una tarea colectiva.

Los elevadísimos sueldos de los principales ejecutivos tienen un efecto perverso añadido. Producen desapego respecto del resto de la sociedad. Adam Smith lo llamó “corrupción de los sentimientos morales de los muy ricos”. 
Se aprecia, por ejemplo, cuando algunos de estos altos directivos con pensiones de oro, pagadas por las empresas, cuestionan las pensiones públicas de los trabajadores. 

O cuando, con arrogancia, aprovechan las juntas generales para dar consejos a los Gobiernos. Un ejemplo reciente es la presidenta del Banco Santander, Ana Botín, o el presidente de Endesa, Borja Prado, recomendando al Gobierno no caer en el “cortoplacismo”. Precisamente el pecado del que se los acusa a ellos y que tanto daño causa a sus empresas y a la sociedad. Las elevadas retribuciones, el cortoplacismo y los crecientes escándalos protagonizados por grandes multinacionales están creando rechazo social y una creciente demanda para reinventar la corporación.

Esta nueva visión sostiene que el propósito de las corporaciones no es sólo retribuir a sus inversores, sino ser concebidas como instrumentos de compromiso con los intereses de sus empleados, clientes y las comunidades en las que se insertan. Con el bien común. Esto requiere pasar de la ética utilitarista, consistente en “maximizar el valor para los accionistas”, a una ética de la responsabilidad, basada en el criterio de maximizar el valor para el conjunto de la sociedad.

En esta reinvención de la corporación las humanidades tienen un importante papel. Adam Smith fue cuidadoso al equilibrar la defensa de los mercados competitivos en La riqueza de las naciones con la defensa de la moralidad y la virtud del autocontrol en La teoría de los sentimientos morales. Ese equilibrio se ha perdido. Es necesario volver a conjugar eficiencia económica con equidad social.
De lo contrario, la pérdida de confianza en las corporaciones acabará deslegitimando al sistema capitalista.



https://www.msn.com/es-es/dinero/formacion-empleo/los-consejeros-declaran-en-españa-ingresos-de-3151-millones-el-doble-que-antes-de-la-crisis/ar-AAAOBgQ?li=BBpm8Mj

domingo, 11 de junio de 2017

Alto y claro: la donación de Amancio Ortega



Las redes y los medios de comunicación han ardido debido al rechazo de Asociaciones de profesionales (FADSP) de varias CCAA a la donación de Amancio Ortega, para la compra de equipos de Alta Tecnología. Llevo más de 30 años ejerciendo mi profesión de radióloga en la sanidad pública, y trataré de explicar mi opinión sobre lo que está pasando, centrando el tema en mi comunidad, Galicia, la que más conozco, y la que recibió la primera donación de Amancio Ortega, también gallego. 

 En esas fechas (octubre de 2015) publiqué un artículo en Nuevatribuna solicitando que se aclarase como era posible que Amancio Ortega donara 17 millones de euros para comprar equipos de Radioterapia y Mamógrafos que ya habían sido previamente comprados por Philips y la Multinacional Estadounidense Varian Medical y por los que el Sergas pagaba un alquiler (11 millones de euros al año durante 8 años), sin que tan siquiera se redujera dicho alquiler: ¿a dónde han ido a parar esos 17 millones de euros?

Los profesionales que defendemos el Sistema Sanitario Público estamos muy preocupados por su deriva privatizadora, especialmente en Galicia, donde su I+D+i se encuentra privatizado y en manos de un oligopolio de empresas, algunas imputadas por corrupción y todas con estrategias para eludir impuestos. ¿Le gustaría a Amancio Ortega que los profesionales del Sergas gestionáramos el I+D+i de Inditex? ¿lo permitiría? Claro que no.

La Xunta de Feijóo junto a Inditex, Abanca y otras empresas gallegas han formado un fondo de capital riesgo. Estas empresas acceden a datos de la Administración, e investigadores públicos trabajan para generar sus patentes. En Galicia, Indra gestiona la Historia clínica, con todos los datos sanitarios de los pacientes, a los que próximamente se unirán los datos sociales (maltrato, recursos económicos de la población etc). Indra cede esos datos a los hospitales privados, concertados o no concertados, mientras los profesionales del Sergas no podemos acceder a la información sanitaria de los hospitales privados, ni disponemos de herramientas para explotar los datos de nuestros pacientes y así auditar nuestros resultados.

Si hacemos las cosas mal hechas, mal quedan. En Galicia, el Centro Oncológico de A Coruña, el registro de los pacientes con cáncer y los ensayos clínicos, está en manos de la AECC, que se presenta como la gran valedora de la defensa de los pacientes con cáncer, aunque realmente está dirigida por Inés Entrecanales (Acciona), la Banca March y la Fundación Garrigues. 

Las empresas tecnológicas gestionan la alta tecnología del Sergas y el control de calidad de los equipos, aparatos que imparten altas dosis de radiación, y que se utilizan 30%-50% más de lo necesario según muchos estudios realizados. Sin embargo, los radiólogos podemos hacer poco para adecuar las exploraciones, ya que las empresas verán mermados sus beneficios si los estudios por sala se reducen a partir de un porcentaje, según el contrato firmado con la Xunta de Feijóo. Por ello los estudios crecen y crecen más y más, incluyendo los realizados a los niños, y de forma especial en el sector sanitario privado, donde no existe transparencia ni control, incumpliendo el principio internacional ALARA “las exploraciones que aplican radiaciones ionizantes deberán disminuirse al mínimo posible”.

 ¿Son necesarios 290 equipos nuevos en el SNS? Probablemente no, al menos no tantos. Muchos de los existentes pueden actualizarse únicamente modificando su Software, que además permite disminuir las dosis de radiación aplicada. Pero claro, los beneficios empresariales disminuirían drásticamente. ¿Son mejores los mamógrafos con tomosíntesis regalados por Amancio Ortega? En primer lugar no disminuyen la radiación aplicada, sino que por lo contrario la incrementan discretamente.

Por otra parte, según las empresas se identifican un 42% más de lesiones, tan pequeñas que son “casi invisibles al ojo humano” y muchas con significado desconocido. En muchos casos se descartará cáncer en nuevos controles, tras meses de angustia, en otros casos se tratarán de forma agresiva (con sus efectos secundarios incluidos), lesiones dudosas que en un 20% de los casos no representan realmente cáncer.

 Según datos de la OMS en España la incidencia de cáncer de mama se incrementó un 68% en una década, en parte por este sobrediagnóstico y en parte por el empeoramiento de las condiciones de vida de la gente, y aunque es verdad que mejora el ratio de supervivencia, no así la mortalidad absoluta de las mujeres. Así que es muy importante actuar contra los determinantes del cáncer. Sin embargo el gobierno se niega a marcar los alimentos poco saludables y los coches fraudulentos que contaminan hasta 70 veces más siguen circulando por nuestras carreteras ¿que pasará en el futuro con los pulmones de nuestros hijos?

 Por otra parte, a las empresas no les interesa la Atención Primaria, la promoción de la salud, ni la mejora de los hábitos de vida para disminuir la incidencia de cáncer, sino el diagnóstico con equipos de alta tecnología y el tratamiento con costosos fármacos. Son empresas, son magnates, pretenden incrementar sus beneficios. No los culpo, pero no comparto sus objetivos ni su estilo de vida, y no nos interesan en nuestra sanidad pública.

Que se dediquen a fabricar ropa o a la construcción de puentes. “Zapatero a tus zapatos”. Además, no es la falta de equipos de AT sino la falta de personal para utilizar esos equipos lo que aumenta las listas de espera para los pacientes con cáncer u otras enfermedades en el Sergas, un equipo sin dotación adecuada de profesionales es como un avión sin pilotos.

 La mayoría de nuestros equipos de diagnóstico no funcionan los sábados ni por supuesto los domingos, y algunos ni tan siquiera las tardes de diario, a no ser para urgencias, mientras que se derivan los estudios a los centros privados con su maquinaria al 100%. 

En Madrid ya se señaló en 2014 que los equipos de resonancia magnética de los centros públicos solo funcionaban al 64%, al final ¿no resultara que tendremos mas aparatos sin utilizar?, es decir negocio para los fabricantes ninguna ventaja para los enfermos. 

 Por una sanidad pública y de calidad para todos, financiada por impuestos al 100%, a través de una hacienda libre de amnistías fiscales, sin donaciones, mecenas, magnates ni multinacionales en su seno, con profesionales dedicados al sistema público y con control de su I+D+i como cualquier empresa que se precie ¿no les parece, Sra Entrecanales y Sr Amancio Ortega?


Tomado de
http://www.nuevatribuna.es/opinion/luisa-lores/rechazamos-infiltracion-sanidad-publica-empresas-privadas-grandes-magnates/20170608164009140660.html


Cuando un rico dona algo, hasta de la caridad hace negocio. 

Los medios tradicionales han aplaudido hasta con las orejas la donación de 290  equipos de diagnóstico y tratamiento oncológico. Diversas asociaciones para la defensa de la Sanidad Pública han rechazado la donación 

lunes, 24 de octubre de 2016

El linaje es el destino*

No solo se hereda el linaje

Una de las grandes promesas del capitalismo, que cualquiera puede hacerse rico sin importar su apellido, se ha cumplido solo en parte


Les cuento esto para explicarles que mi vida es como la de la mayoría de los plutócratas. Tengo una amplia perspectiva del capitalismo y los negocios, y se me ha recompensado escandalosamente por ello... Pero seamos sinceros: no soy la persona más inteligente que hayan conocido jamás. Desde luego, no soy la más trabajadora. Fui un estudiante mediocre, no soy nada técnico, no sé escribir ni una palabra de código de programación. La verdad es que mi éxito es consecuencia de una suerte espectacular, de la familia donde nací, de las circunstancias y de la oportunidad”.
Estas palabras las pronunciaba un emprendedor estadounidense y multimillonario, Nick Hanauer, durante una charla TED de hace unos dos años. Lo que Hanauer afirmaba, de hecho, es que las condiciones necesarias para que se haga realidad el sueño americano no se daban en su caso, y que lo que le había permitido amasar su asombrosa fortuna habían sido una serie de factores que, en ninguno de los casos, eran mérito suyo. Por decirlo de forma simple: las causas fueron su linaje y su suerte más que su esfuerzo.
Es lo opuesto a la metáfora del sueño americano, según la cual se puede llegar a lo más alto del escalafón económico independientemente de la familia en la que se haya nacido. Sin embargo, Hanauer podría ser una excepción, y varias historias opuestas, de personas que triunfaron a pesar de sus orígenes humildes, parecen respaldar esta posibilidad. Para ir más allá de las anécdotas aisladas y contrapuestas, tenemos que fijarnos en las estadísticas y los datos, que ayudan a detectar la norma, aunque por supuesto esta admita excepciones.
Los datos nos dicen que, en Estados Unidos, la familia donde se nace tiene mucha importancia: los hijos de los más ricos tienen una altísima probabilidad de ser los más ricos (en cuanto a ingresos) de su generación y, a la inversa, los hijos de los pobres tienen una probabilidad muy alta de ser los más pobres de su generación. En otras palabras, la movilidad socioeconómica es baja o, empleando una jerga más técnica, la desigualdad se transmite en gran medida de una generación a la siguiente
Estados Unidos no es el único país avanzado en el que se da esta situación. La transmisión intergeneracional de la desigualdad también es muy elevada en Reino Unido e Italia; alcanza valores medios-altos en Suiza, España y Francia, y valores medios en Japón y Alemania. En Dinamarca, Noruega y Finlandia, los valores son muy bajos.
Entre los mecanismos responsables de este fenómeno, el primero que acude a la mente es probablemente la riqueza. La riqueza heredada es sin duda importante, y más aún en las últimas décadas, como ha demostrado Piketty en su popular libro El capital en el siglo XXI. Sin embargo, los datos que he mencionado antes se refieren a los ingresos obtenidos por los hijos e hijas en el mercado laboral, no a su riqueza ni a las rentas que esta produce
Por ejemplo, en el Reino Unido, EE UU e Italia, cerca del 50% de las diferencias en los ingresos laborales de dos hijos de diferentes familias se explica por la diferencia de rentas de sus padres.
Deben de intervenir otros factores, es decir, que los padres transmiten a los hijos no solo riqueza material, sino también algo que influye sobre los ingresos que obtienen en el mercado laboral. Según muchos economistas, ese algo es la formación. Es cierto que, en todos los países, la correlación entre la educación de los padres y la de los hijos o hijas es muy elevada (lo cual significa que las oportunidades no son iguales para todos) y, además, la educación —lo que los economistas suelen denominar capital humano — garantiza rentas del trabajo más elevadas.


Los ricos de Florencia son los mismos ahora que hace 600 años, según un estudio del Banco de Italia

Pero, al menos en algunos países, no todo se reduce a eso. Parece que las familias transfieren a sus hijos algo más que tiene importancia en el mercado laboral, aparte de la educación. Según nuestra investigación (Franzini M., Raitano M., Vona F., The Channels of Intergenerational Transmission of Inequality: A Cross-Country ComparisonRivista Italiana degli Economisti), en países como Italia, España y Reino Unido, hay una parte considerable de la influencia económica de las familias en sus hijos e hijas que no se explica mediante la educación.
Los canales de influencia aparte de la educación son numerosos y pueden variar de un país a otro. Los datos que hemos recopilado dan a entender que en Italia y en España, en concreto, una vía importante podría ser la red de contactos; es decir, el conjunto de conexiones sociales del que forma parte la familia se traduce en una ventaja económica en el mercado laboral. La consecuencia es que los hijos de padres ricos ganan más de media, porque están más formados y también porque, gracias a los contactos sociales, sus ingresos son superiores incluso cuando no están mejor formados. De todas las ventajas que puede transmitir la familia, es probable que las derivadas de los contactos sociales sean las menos aceptables.
Me he referido hasta ahora a dos generaciones solamente. Lo cierto es que casi todos los estudios en este campo se centran en dos generaciones sucesivas, no en cadenas intergeneracionales más largas. La razón es fácil de explicar: la falta de datos fiables que abarquen varias generaciones. Entre los investigadores que trabajan con dos generaciones sucesivas, una premisa generalizada era que las ventajas debidas a los orígenes familiares desaparecen en unas cuantas generaciones, es decir, que los bisabuelos no tendrían ninguna influencia sobre el éxito de sus bisnietos. A lo largo de los últimos años, se han llevado a cabo algunos intentos de calcular directamente la persistencia de las ventajas debidas al origen familiar a lo largo de varias generaciones partiendo de los pocos datos de que se dispone. G. Barone y S. Mocetti son los autores de uno de ellos (Movilidad intergeneracional a muy largo plazo: Florencia 1427-2011Working Papers, Banca d’Italia, 2016). Se centran en la ciudad italiana de Florencia y utilizan datos de los contribuyentes de 1427, a los que se ha podido acceder hace poco. Barone y Mocetti comparan estos datos con los correspondientes de 2011, sobre la base de los apellidos. Lo que han hallado es que la mayoría de los que tenían rentas más altas en el siglo XV siguen teniéndolas en la actualidad. A pesar de que haya que tomarlo con cautela, por el riesgo de que un mismo apellido no corresponda a la misma familia, el resultado es sorprendente: pone de manifiesto que la desigualdad puede transmitirse a lo largo de varias generaciones. También debido a este hecho —aunque no solo por esto— es un problema tan grave.
Para que puedan apreciar su gravedad, les recuerdo que quizás la principal promesa de los mercados y el capitalismo, cuando surgieron, era que servirían para que las fortunas individuales no dependiesen de los orígenes familiares, como antiguamente. Los datos y las investigaciones actuales nos dicen que, en el mejor de los casos, esa promesa solamente se ha cumplido en parte.
Maurizio Franzini es profesor de Política Económica de la Universidad de Roma-La Sapienza.






http://economia.elpais.com/economia/2016/08/19/actualidad/1471621151_810844.html

* A semejanza de "la biología es el destino"


jueves, 6 de noviembre de 2014

Alegato contra la desigualdad económica



Artículo aparecido en El País en el 2000, que podría haber sido escrito hoy y con más razones.


TRIBUNA:

Alegato contra la desigualdad económica


La revista Forbes del mes de agosto de 1999 ofrecía el dato asombroso de que las 400 personas más ricas de Estados Unidos poseen activos por valor de un billón (1) de dólares, 166 billones de pesetas, al cambio actual. Esta cifra representa el doble del PIB de España en 1997 y tres veces el ingreso anual conjunto de los 30 millones de pobres que se cuentan en Estados Unidos (2). La comparación ilustra la creciente y extrema desigualdad económica que existe en el país más rico y, por ahora, más eficiente de la Tierra. Como en Estados Unidos, en casi todos los países industrializados o a medio industrializar la desigualdad va creciendo de manera rápida y constante. Las diferencias entre ricos y pobres son cada vez mayores en todas las partes del mundo.Esa creciente desigualdad, ¿está bien o está mal? Estamos hablando en todo caso de una desigualdad extrema y no de la desigualdad natural que se da, y siempre se ha dado, en regímenes democráticos, porque las personas tienen diferentes posiciones iniciales, diferentes talentos, oportunidades y medios, que el sistema legitima y salvaguarda. El fenómeno que estamos presenciando es nuevo en el sentido de que la pobreza, que es una realidad eterna de la raza humana, nunca ha cohabitado con una riqueza tan enorme.
Para algunos la respuesta es clara y contundente: la desigualdad económica es mala, porque atenta contra la igualdad esencial de los seres humanos. Pero para otros no es tan clara. Hay algunos que incluso piensan que las desigualdades económicas son necesarias y provechosas para movilizar la economía, poner los recursos a disposición de quienes hacen rendir más al dinero y crear incentivos para la emulación y el progreso. A los no convencidos dirijo mi argumento.
Afirmo que la desigualdad económica a que me refiero es mala, porque pone en peligro a la democracia y porque es ineficiente e implica un mal uso de los recursos Es mala para la sociedad en que se producen estas desigualdades, e incluso, a largo plazo, para los mismos que ahora disfrutan de esas fabulosas riquezas El argumento de los convencidos no es banal. Vivimos en un sistema democrático que afirma la radical igualdad en sí mismos y en los derechos de todos los ciudadanos. En las sociedades económica y políticamente avanzadas nos contentamos a veces con la igualdad de oportunidades y la igualdad de todos ante la ley. Parece que no nos preocupan tanto las desigualdades económicas mientras los más pobres tengan cubiertas sus necesidades básicas y no se mueran de hambre. Pero, obviamente, esto no es suficiente para el buen orden de la sociedad. Porque la democracia es incompatible con grandes diferencias en las ventajas que los individuos obtienen del sistema. Estas diferencias crean situaciones en las que las igualdades formales, de oportunidades o ante la ley, funcionan en la práctica de manera bien distinta.
Tomemos, por ejemplo, el disfrute de los derechos ciudadanos. El ejercicio de los derechos ciudadanos requiere dinero. Esto es evidente en el sistema judicial, donde sólo los que pueden pagar muchas horas de trabajo de buenos abogados pueden disfrutar de todas las posibilidades de defensa que el sistema ofrece a los ciudadanos. Y en general, quien más dinero posee, mayor posibilidad tiene de ejercitar sus derechos civiles y democráticos, mayor fuerza para influir en las decisiones de las administraciones públicas que afectan a intereses particulares y mayor capacidad para disfrutar de los bienes públicos que provee el Estado (autopistas, aeropuertos, universidades, bienes culturales, seguridad, protección a la propiedad, etcétera). Si las desigualdades de recursos son muy grandes, el ejercicio de los derechos civiles y de las libertades políticas, así como el disfrute de los bienes públicos también, mostrará grandes diferencias. Pero una desigualdad sustancial y manifiesta en el reparto de los beneficios que el sistema democrático ofrece a los ciudadanos destruye los motivos que los menos favorecidos puedan tener para aceptar el pacto social de convivencia y someterse a las reglas de juego de la democracia.
Por otra parte, las diferencias extremas de riqueza producen diferencias extremas de poder social y poder político. En este contexto, poder es la capacidad que tienen algunas personas de hacer que los resultados de las diversas interacciones sociales (mercados, asociaciones, acciones colectivas, medidas de las administraciones públicas, etcétera) normalmente les sean favorables. Si la información es poder, los poderosos gozan de la capacidad de recibir siempre información privilegiada, de manera que siempre juegan con las cartas marcadas. Lo mismo ganan en Bolsa que sacan partido de la construcción de una carretera o se benefician de una medida reguladora. Este sesgo a ganar que poseen algunas personas, y que proviene de la riqueza que tienen acumulada, socava los fundamentos materiales de la democracia, que se suelen imponer en la igualdad de oportunidades. Esta igualdad deja de tener significado práctico cuando las personas con grandes recursos consiguen en sus tratos sociales todo lo que se proponen, mientras los de menores recursos no consiguen más que lo que los poderosos no vetan.
La desigualdad económica es además ineficiente, porque conlleva un reparto de la riqueza que no maximiza la utilidad marginal total del dinero (que se toma aquí como la forma tipo de riqueza) de la sociedad. La utilidad marginal de los últimos mil dólares que recibe uno de esos 400 billonarios es muchísimo menor que la utilidad de los mil dólares "marginales" que recibe cada uno de los 30 millones de pobres. Si se quitaran -por las buenas, naturalmente- 30.000 millones de dólares a los 400 más ricos y se repartiera, a razón de 1.000 dólares por persona, entre los 30 millones de pobres, la utilidad marginal total del dinero aumentaría significativamente. En otras palabras, repartiendo mejor el dinero se puede conseguir una suma mayor de satisfacción o bienestar en la sociedad. Estas disquisiciones teóricas apuntan al hecho de que no hay razón ni argumento alguno económico que justifique en términos de eficiencia las grandes desigualdades. Más bien hay multitud de antecedentes históricos que muestran que la acumulación de muchas riquezas en pocas manos supone un freno al desarrollo económico y al progreso social de los pueblos, para no insistir en el desarrollo democrático. Por el contrario, la equidad en el reparto de la riqueza ha sido una base sólida para la introducción y la consolidación de la democracia en muchos países. Lo fue en el mismo Estados Unidos en su primer siglo de independencia, lo ha sido en España, así como en toda Europa occidental después de la guerra, en Japón y en el Sureste Asiático.En resumen, la desigualdad extrema es una burla a la noción de un pacto social, por medio del cual los ciudadanos se obligan a obedecer unas leyes y seguir a unos gobernantes para obtener unos beneficios que por sí solos no podrían obtener. Los firmantes de este pacto esperan que haya una distribución de beneficios en proporción al grado de compromiso con los intereses colectivos, sea cual sea la riqueza de cada cual. Si los beneficios se distribuyen con notable desigualdad, esta proporción se rompe y los ciudadanos se pueden considerar desligados de sus compromisos con un colectivo que no cumple lo prometido. De ahí procede una seria amenaza a la sostenibilidad y gobernabilidad del sistema democrático, como se muestra, por ejemplo, en una escasa participación electoral, anomia generalizada y criminalidad creciente. No es quizá una casualidad que en Estados Unidos, el país de las grandes desigualdades, haya un millón setecientas mil personas en la cárcel.

1. Billón en el sentido español: millón de millones. 2. En su último libro, Building Wealth, el economista del M. I. T. Lester Thurow menciona el hecho de que la riqueza de Bill Gates es igual a la que poseen el 40% menos rico de los hogares estadounidenses. Es decir, una persona posee tanto como 110 millones de conciudadanos. Luis de Sebastián es catedrático de Economía de ESADE, Universitat Ramon Llull, Barcelona.

Enlace:
http://elpais.com/diario/2000/01/24/opinion/948668405_850215.html

lunes, 2 de abril de 2012

Egoísmo inteligente o caraduras listillos

En la página de El Pais mal titulada Opinión, (debería llamarse Directrices,  por cierto algo tendrá  que ver que esté participado por  Liberty), en la sección denominada el Acento, el pasado día 31 de marzo, se  nos exhorta a participar en el voluntariado, alegando  "que participar en la vida colectiva es más que votar cada cuatro años", para cohesionar la sociedad como si la fractura social que existe se paliase con el voluntariado. En una democracia real, el voluntariado sería innecesario al menos como norma.

Las grandes corporaciones y ese 1% de poseedores, saben que se asientan sobre un polvorín y para amortiguar los efectos de la desigualdad económica actual, utilizan recursos como culpabilizar a las víctimas, el pensamiento positivo etc.. y ahora lo último: el voluntariado, su eslogan: "un egoísmo inteligente", que suena mejor que  caridad, aunque sea exactamente lo mismo, al final un roperillo globalizado. y como más  dinero ya no se nos puede pedir, porque no lo tenemos, se nos pide tiempo.

Aquellas damas de la élite franquista, no sabían ¡que pena¡, que estaban  practicando un "egoísmo inteligente", paliando los efectos de la desigualdad. Es lo que tiene el lenguaje neoliberal, nunca un concepto a secas, siempre con su adjetivo y siempre un oxímoron, desde luego para  inteligente, la oligarquía y para  egoísta también, el pueblo a lo sumo practica una ingenua y desinteresada solidardad.

En el artículo se afirma que solo un 15% practica voluntariado en España, cifra que me parece excesiva, teniendo en cuenta que con los 5 millones de parados que existen, gran parte de la población auxilia y mantiene a la familia, recayendo esta ayuda la mayoría de las veces, tristemente  en los abuelos, esto no computa como voluntariado, supongo que es puro "obligatoriado".

 Dado que  la cifra, continúa el artículo,  se considera baja  aún puede crecer mucho  y  se cita como paradigma del voluntariado  el  modelo americano."El compromiso social de las empresas suple así en Estados Unidos, muchas necesidades que en Europa se resuelven (solidariamente) a través del sistema impositivo",  es decir el compromiso social de las empresas es proponer que trabajen como voluntarios los trabajadores, que siempre les sale más a cuenta que pagar más impuestos, es decir, no solo se lucran de los  trabajadores, como tales, sino que los utilizan de pegamento  para la cohesión social "voluntariamente". Nos explotan como trabajadores, no saquean como consumidores, pero aún hay algo más que nos pueden sacar: nuestro tiempo libre "voluntariamente". Lo quieren todo.

 El  artículo desde luego se dirige a tontos o ingenuos de buena fe, por eso aclara y advierte  que no se trata "de sustituir el estado de bienestar y de justicia social por el voluntariado", sino  de "tomar lo mejor de del sistema europeo y lo mejor del sistema americano". como si en el  justo medio estuviese la virtud, lo mejor del sistema americano en cuanto a redistribuir la renta y proteger a los desfavorecidos es cero y en Europa el estado de bienestar está desapareciendo.
Así que se pretende minimizar el impacto gracias a las propias víctimas.

El artículo concluye que hemos pasado "unos años de bonanza que ha engendrado un hedonismo rampante, hedonista e insolidario", como si todo la población hubiese sido víctima de los virus inoculados en las escuelas de negocios, la mayoría de la población, ni gastó demasiado, ni se benefició de las Ciudades de la Cultura, ni de los aeropuertos donde no pueden girar los aviones. Los del hedonismo rampante, han sido los que provocaron la crisis, no los que la padecemos.
El tiempo libre que tenemos como ciudadanos lo debemos dedicar a que mejoren las cosas, a fortalecer la sociedad civil y  no a poner parches para que bancos y grandes corporaciones se sigan forrando y las Sicavs campen a sus anchas.

Al final y de un modo impersonal, el  "opinador" se delata, ya que  se excluye, termina diciendo " habría que hacerles ver que es mejor un egoísmo inteligente porque cuanto mejor les vaya a los demás mejor le irá atambién a ellos", como mi ingenuidad no tiene límite creí que se refería a los poderosos, pero no,  se refería al pueblo, lo que  supone un engaño en toda regla, ya que cuanto más voluntariado exista, más recortes pueden efectuar y sin riesgo de quiebra de la paz social, porque eso sí que lo sabemos, ya quedó muy claro, es que ellos, los poderosos, son insaciables.

Se necesitan al menos unas tres reformas educativas más con muchas materias de emprendedores y de educación finaciera  para homologarnos con los americanos y creernos todas la verdades de perogrullo que le interesa al poder.. De momento "No con mi tiempo"

Ahora a la oligarquía  les interesa la caridad, concepto que se oculta detrás de la rimbombante denominación "egoísmo inteligente"  llamemos a las cosas por su nombre,  ahora bien,  ni tan siquiera la de ellos, sino la del pueblo.
"El Pais" se supera.

Artículo comentado:
http://elpais.com/elpais/2012/03/30/opinion/1333128826_293881.html