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sábado, 4 de marzo de 2017

Armonización fiscal en la UE



Si Irlanda es el paraíso fiscal de las multinacionales, Portugal es el paraíso fiscal de los jubilados.
En el último año, los extranjeros que han solicitado la residencia no habitual en el país han aumentado un 44%. El 90% de quienes compran una casa portuguesa para conseguir un visado comunitario son chinos, mientras que los residentes no habituales son europeos, principalmente franceses, alemanes y nórdicos. 

Basta comprar o alquilar un piso y residir en el país la mayor parte del año para disfrutar de una jubilación de oro (si la pensión lo permite). En ese caso, ahorrillos y pensiones no tributan en Portugal, pero tampoco en el país de origen. Ese régimen de residente circunstancial dura 10 años.
Lo curioso de esta corriente de residentes no habituales es que se basa en una ley de 2009 que, hasta hace unos años, apenas había llamado la atención entre los ciudadanos de otros países europeos.

Ha sido la explosión turística que vive el país, especialmente Lisboa, en los tres últimos años, lo que ha disparado las solicitudes para acogerse a los beneficios de esa figura fiscal. En un año han pasado de 7.400 solicitudes a 10.600. Los acuerdos fiscales entre países han ido acabando con la injusticia de la doble tributación por unos mismos ingresos.

Por lo general, se deja que sea el país del residente el que cobre los impuestos; es ahí donde Portugal decide no cobrar impuestos sobre rendimientos procedentes de otros países. Las ventajas fiscales no son muy diferentes a las que tienen otros europeos, pero, en igualdad de condiciones tributarias, Portugal gana por su clima, el coste y la calidad de vida.
Pese a que desde hace 16 meses hay un Gobierno socialista apuntalado por comunistas y bloquistas, jamás ha habido iniciativa alguna para cambiar ese régimen fiscal, que trae beneficios indirectos por la vía del consumo.

Ha sido en otros países donde se han puesto celosos. Finlandia, que sol no tiene mucho, ya ha cambiado la ley para cobrar impuestos por los planes de pensiones en caso de que el país del residente no lo haga. Doble imposición no, pero cero tampoco.

Los países mediterráneos acabaremos de geriátrico de los países del norte.
Y la armonización fiscal... Bien. Gracias.

http://elpais.com/elpais/2017/02/24/vinetas/1487929166_217303.html

La propia UE reconoce:

La Comisión Europea no considera que la armonización generalizada de los regímenes fiscales de los países de la UE sea necesaria en tanto en cuanto no se obstaculice el establecimiento y el funcionamiento del mercado único. En este sentido, los países deberían poder elegir el régimen que consideren más adecuado para sí mismos.

De acuerdo con el principio de subsidiariedad, únicamente se tomarán medidas a escala de la UE cuando la iniciativa a escala nacional no haya dado lugar a una solución eficaz y este objetivo pueda lograrse mejor a escala de la UE.

Los esfuerzos de armonización de la UE se centran principalmente en la legislación de la fiscalidad aplicable a bienes y servicios [impuestos indirectos como el impuesto sobre el valor añadido (IVA) e impuestos especiales que gravan productos energéticos, electricidad, alcohol y labores del tabaco] en lugar de la fiscalidad aplicable a ingresos y beneficios (impuestos directos).

Fuente
http://eur-lex.europa.eu/summary/glossary/tax_harmonisation.html?locale=es

lunes, 17 de febrero de 2014

Soledad Gallego-Díaz: toda solidaridad es buena, salvo los impuestos


Reproduzco íntegramente el artículo de Soledad Gallego-Díaz  aparecido en El País, el pasado día 9.

Todo tipo de solidaridad es digno de estímulo. Todas sus maneras de manifestarse son alabadas y consideradas legítimas por el Gobierno. Salvo una: los impuestos. Y sin embargo, en las sociedades democráticas desarrolladas se supone que es la política fiscal la que más interviene, la decisiva, a la hora de provocar un trasvase solidario de recursos.

Lo insólito no es que el Gobierno, en mitad de la crisis, hable de modificar tal o cual impuesto, cuya reforma parece técnicamente aconsejable, o que impulse la adaptación de determinados aspectos del IRPF o del impuesto de sociedades. Eso es siempre razonable y, muchas veces, necesario. Lo que es un poco extravagante es dar aliento a la solidaridad entre los ciudadanos, utilizarla como motivo de autoestima y como referente moral de una sociedad que hace frente a una crisis económica formidable, y a continuación difundir el mensaje de que “hay que bajar los impuestos”, así en bloque.

Podría pensarse que la presión fiscal española es superior a la media de la zona euro y que es imprescindible corregirlo. Pero no es así. Según Eurostat, la presión fiscal media en nuestros socios fue en 2012 de 46,3 puntos, frente a los 37,1 en España.

Los progresistas han renunciado a argumentar y defender la superioridad de sus valores sociales

¿Cómo se defiende algo así? Pues con convicción, con la formidable convicción de que no hay que dirigirse a los ciudadanos ofreciéndoles evidencias, sino posiciones ideológicas, presentadas como opciones morales. Eso es lo que, según el profesor estadounidense George Lakoff, gran especialista en comunicación política, la derecha sabe hacer maravillosamente, mientras que la izquierda cree que basta con sumar y restar y pedirles a los ciudadanos que voten de acuerdo con sus intereses. Grave equivocación, porque la experiencia muestra que a los seres humanos no les inspira su mero interés, sino que se dejan llevar más frecuentemente por argumentos morales.

Lakoff, entrevistado esta semana por The Guardian, está furioso. Cree que los socialdemócratas (liberales 
 en Estados Unidos) son tan responsables como los conservadores del retroceso del progreso social que experimentamos. Lo son porque han renunciado a argumentar y defender la superioridad de sus valores sociales, como lo público frente a lo privado; una paga justa por el trabajo, frente a los minijobs; o la educación y sanidad, como derechos que financia la comunidad, frente a quienes los encaran como un sector más del mundo de los negocios. Es verdad que nunca dejaron de sostener la inmoralidad del racismo o de la homofobia, pero, incluso, han empezado a flaquear en la defensa de los derechos de los inmigrantes y exiliados, como sucede en Francia con los gitanos o como reflejaron esos terribles autobuses londinenses que circularon por la ciudad exigiendo a los inmigrantes sin documentación: “Go home”, vete a tu casa, lárgate.
“No existe el centro”, fulmina Lakoff. La izquierda cede el espacio en el debate moral, con la impresión equivocada de que así todo se irá acercando a un centro idílico. Pero cuanto más cede, más claramente los conservadores expresan su propia visión de la sociedad.

Un ejemplo clásico de George Lakoff es el análisis de cómo los conservadores han impuesto el concepto de eficiencia como valor absoluto, y su derivada de que no deben existir barreras en la búsqueda del beneficio. Otro es la habilidad con la que lograron dominar el debate sobre los impuestos con una simple expresión: “alivio fiscal”. Si es un alivio, tiene que ser bueno. En esas estamos nosotros también: el famoso alivio fiscal no desaparece de la boca de nuestros gobernantes. Incluso cuando han subido los impuestos, se las han arreglado para alimentar en nuestras cabezas la idea contraria.

Una advertencia última. Según Lakoff, los progresistas se empeñan en seguir atentamente lo que indican los sondeos. “Los conservadores no siguen los sondeos: quieren cambiarlos”. Se gana espacio político no cuando se queda uno en el medio, sino cuando se logra la aceptación de tu propio esquema de valores como si fueran producto del sentido común.

solg@elpais.es

 La fuente
 http://elpais.com/elpais/2014/02/07/opinion/1391784318_041042.html