domingo, 9 de noviembre de 2014

Una panda de ladrones en la UE

Artículo de Fernando Salgado publicado en el suplemento MERCADOS, por La Voz de Galicia el 9 de noviembre de 2014 

Llamemos a las cosas por su nombre: son una panda de ladrones que se confabularon para robarnos al resto de los europeos. Y Jean Claude Juncker, ahora encaramado a la presidencia de la Comisión Europea, era su jefe: primer ministro y responsable de las Finanzas de Luxemburgo cuando se perpetró el atraco. Delincuentes de cuello blanco que tramaron en secreto, en contubernio con 340 multinacionales -desde Pepsi hasta Appel, pasando por Amazon o Ikea-, el gran saqueo. Tenemos al frente del gobierno europeo un Robin Hood invertido: robaba a los pobres, a los mismos que les exigía austeridad y recortes para sanear las arcas públicas, y repartía el botín entre los ricos: la multinacional de turno y el medio millón de habitantes del Gran Ducado que cuentan con la renta per cápita más elevada del mundo. 

¿Les parece excesivo o demagógico ese relato? ¿Acaso el dumping fiscal y la competencia desleal no constituyen la levadura del pan nuestro de cada día? Claro que sí, pero este escándalo, descubierto por un consorcio de periodistas de investigación, pertenece a otra categoría. Dumping es lo que hace Irlanda y así lo denunció la propia Angela Merkel en su día: establecer impuestos muy bajos -un 12,5% el de sociedades, frente al 30% o más en el resto de países- para atraer inversiones hacia la isla, en detrimento de los socios. Práctica éticamente reprochable, pero perfectamente legal, porque la Unión Europea nunca aprobó la asignatura pendiente de la armonización fiscal.

Lo de Luxemburgo es radicalmente distinto: pillaje puro y duro. Nos han robado nuestro dinero, una parte del que pagó el consumidor francés, italiano o español cuando adquiría un libro en Amazon, bebía una Pepsi o compraba un mueble en Ikea. Creíamos que, al pasar por caja, estábamos ayudando también a nuestros gobiernos a reducir el déficit público o a financiar la educación, la sanidad o las pensiones. Ingenuos de nosotros: no sabíamos que Juncker y su cuadrilla facilitaba a estas compañías, por un módico precio, la evasión fiscal. El dinero que introducíamos en la hucha de Montoro se lo repartían entre Luxemburgo y las multinacionales.


Y ahora el latrocinio deviene en esperpento: el jefe de la banda es quien tiene que investigar el desfalco. Desde luego, información del caso no le falta, a menos que los acuerdos secretos los firmase, sin su conocimiento, el bedel de su ministerio o el tesorero de su partido. Bien sé que las pesquisas del zorro en el gallinero quedarán en agua de borrajas, pero al menos Juncker debería explicarnos a los españoles -y demás europeos- cuántos miles de millones nos ha robado: cuánta sanidad nos ha sisado, cuánta educación nos ha birlado, cuántas décimas de déficit público nos ha endilgado. Solo para saberlo.

¿Entienden ahora el gesto del sonriente Juncker cuando rodeaba el cuello de De Guindos y simulaba asfixiarlo? No era una inofensiva novatada: realmente nos estaba retorciendo el pescuezo a los españoles.

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